No es tarde, no es temprano: las metas no siempre siguen el calendario
- Nicole Dávalos
- 26 dic 2025
- 2 Min. de lectura

La última semana del año suele venir cargada de algo más que celebraciones. Para muchas personas, también es un momento de balance: miramos hacia atrás, repasamos lo que hicimos (o lo que no), y casi automáticamente empezamos a pensar en metas para el año que viene. Social y culturalmente, esta práctica es muy común y puede incluso servir como un espacio de reflexión, de reconocer dónde estamos parados y hacia dónde queremos ir.
Por supuesto, establecer metas no es intrínsecamente algo negativo, y no es lo que pretendo cuestionar en este artículo. Más bien, propongo que vale la pena hacer una pausa y preguntarnos: ¿desde dónde estamos mirando este cierre de año?
Desde una mirada psicológica, tiene sentido que los finales y los inicios nos activen. Nuestro cerebro ama los hitos: lunes, cumpleaños, comienzos de mes, enero. Funcionan como puntos de referencia que nos brindan una sensación de orden y control. El problema no es usar el calendario como guía, sino creer (a veces de manera implícita) que si no cambiamos en enero, entonces ya estamos “muy tarde”. La realidad es que el cambio humano rara vez ocurre en línea recta y casi nunca coincide con fechas específicas como el año nuevo.
A nivel cognitivo, los comienzos simbólicos pueden aumentar la motivación inicial, por ejemplo para intentar algo nuevo o iniciar un hobby. Sin embargo, la motivación sostenida no depende de la fecha, sino de factores más profundos como la regulación emocional, el sentido personal, la autocompasión y la flexibilidad.
Por esta razón, vemos con tanta frecuencia el ciclo de:
entusiasmo inicial → autoexigencia → agotamiento → culpa
Esto no sucede necesariamente porque la persona sea inconstante, sino porque muchas metas nacen desde la presión y no desde una necesidad o un deseo genuino.
Cambiar no requiere del año nuevo, ni de enero, ni de un lunes. Un nuevo hobby, una idea o un proyecto pueden empezar un martes cualquiera, en marzo, después de un día difícil o, sencillamente, cuando por fin existe un poco más de espacio emocional. De hecho, estos “mini resets” suelen ser más realistas y sostenibles porque nacen desde la conciencia y no desde la urgencia. Esta última semana del año, permítete empezar cuando puedas, no cuando sientas que “debes”.
También es importante recordar que no todo el mundo llega a diciembre con la energía emocional para proyectarse y establecer metas que parecieran tener que estar talladas en piedra. Hay personas que llegan a esta época cansadas, atravesando duelos, cerrando ciclos difíciles o simplemente intentando sostenerse. Forzarse a definir metas en ese estado puede sentirse más como una carga que como una oportunidad. Desde una mirada clínica, descansar, pausar o no planificar también puede ser una respuesta adaptativa.
Entonces, ¿qué hacemos con las metas?
Si decides establecer metas para el año nuevo, puedes hacerlo desde un lugar distinto: menos rígido, menos punitivo y más humano. Toma en cuenta tu estado emocional, tu contexto, tus necesidades y deseos reales. Intenta no actuar desde la urgencia o la presión del clásico “nuevo año, nuevo yo”. Las metas no son un examen que se pasa o se reprueba. Son una herramienta, y solo funcionan si no te lastiman en el proceso
Porque al final, tu proceso no se mide por el calendario.


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